miércoles, 5 de mayo de 2021

Monjes copistas medievales en el día del libro.

 LOS MONJES COPISTAS MEDIEVALES OS ANUNCIAN EL DÍA DEL LIBRO. REZAD, ESCRIBID, LEED; INTENSA TAREA ES, PERO OS LA OFRECEMOS, DESDE EL TÚNEL DEL TIEMPO. 

 

      

Desde el Área de Religión hemos querido rendir un pequeño homenaje a los monjes copistas medievales, que, antes del invento de la imprenta, por J.Gutenberg (Alemania, S.XV), se preocuparon de transcribir y copiar las grandes obras literarias, idénticas a los manuscritos originales, para que no se perdieran en la historia. Con un esfuerzo enorme y con técnicas muy artesanales y complicadas, durante años y siglos, copiaron con su mayor esmero y dedicación estas obras de arte. Hoy nos acompañaron  en nuestras clases estos monjes amanuenses, bajo las alas de la imaginación, y recibieron el reconocimiento, admiración y valoración de nuestro alumnado. 


 Dejamos algunas fotos de este encuentro.  Destacan, pues, estos
 monjes copistasgrandes artistas, en la labor de difusión del libro hasta la aparición de la imprenta. Un copista experimentado era capaz de escribir de dos a tres folios por día. Escribir un manuscrito completo ocupaba varios meses de trabajo. Esto solo en lo que se refiere a la escritura del libro, que posteriormente habían de ilustrar los iluminadores, o encargados de dibujar las miniaturas e iniciales miniadas (de miniumen latín, sustancia del plomo que producía el color rojo de la tinta, el más habitual en estas ilustraciones, en los espacios en blanco que dejaban). Los utensilios más habituales que utilizaba el copista eran: penna (la pluma), cutellum (raspador) y atramentum (tinta). 

 


     Hasta el año 1200 la mayoría de los libros producidos en Europa tenían carácter religioso y eran principalmente Biblias y salterios (libros de salmos). Cada monasterio albergaba una biblioteca que contenía cientos de volúmenes escritos a mano, en su mayoría copias transcritas, línea a línea, a partir de un manuscrito original prestado por otro monasterio. Los monjes se proponían preservar y transmitir los textos sagrados, de ahí que su trabajo debiese alcanzar el mayor nivel de perfección posible. Un buen amanuense pasaba por un largo y arduo proceso de formación hasta adquirir la confianza necesaria para dar a sus manuscritos su característica elegancia.


 

     El material de los libros era muy caro. Tanto las finas hojas de pergamino, elaboradas con pieles de oveja o de cabra, como las de papel vitela, hecho con piel de ternera, requerían una compleja preparación. Los mejores manuscritos tenían una medida regular que confería a la página armonía y equilibrio.  El libro que se iba a copiar, llamado original, se colocaba abierto sobre un atril junto al escritorio del amanuense. Una de las principales habilidades del copista era la de encajar el texto en la línea y los bloques de texto en la página. Y preparaba su pluma. Aunque para entonces ya existían las plumas de metal, el tipo más utilizado era el cálamo, hecho con el cañón de la pluma de un ave, como el ganso. La tinta se almacenaba en un cuerno hueco. La tinta negra se fabricaba con negro de humo, agallas de roble o corteza de árbol, mientras que la tinta roja, también llamada «plomo rojo» se elaboraba con plomo tostado o sulfuro de mercurio y se empleaba sobre todo para dibujar las iniciales, las primeras líneas o los títulos de algunos textos.

 

    Todo este proceso laborioso de creación que vamos describiendo se puede visualizar aquí.
    Hemos descubierto, a través de investigaciones encontradas, que posiblemente pudieron existir, aunque silenciadas, mujeres copistas monjas en esta época; hallazgos estudiados por la paleoantropología así lo apuntan. Os dejamos enlace pinchando aquí. Enlazamos también pulsando la palabra visita un paseo virtual a un scriptorium medieval. Dejamos como archivos información muy interesante con datos muy curiosos sobre la invención de la imprenta y la primera impresión de la Biblia de Gutenbeg
Gracias por leernos. Comparto vídeo con fotos y carteles del IES S.de Líjar y
también dejamos una ilustración coloreada por una alumna del citado instituto, Nadia Sevillano, imitando el buen hacer de esos monjes iluminadores.


 Dejamos aquí el enlace de los IES Zaframagón y Sierra de Líjar de este tema trabajado en el aula con nuestro alumnado.




 



 

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